Sebastián Rincón Blandón
Febrero 25 de 2016
Ejercicio # 16
El alien personificando a Jesús, con mucho asombro mira
al policía amordazado junto al peculiar perro. Él no dice nada, se calla.
Tratando de disimular el incómodo descubrimiento, le pregunta a su chofer y
acompañante – ¿Hijo mío, hacia dónde vamos? Éste, sin quitar los ojos del
camino, le responde – a mi casa a prepararnos para el inicio del fin.
Luego de unos cuarenta eternos minutos, entran a un
lejano pueblo de apariencia alegre. Algo un tanto inesperado para el alien,
debido a la extraña apariencia de su acompañante. Por su mente pasaban muchas
cosas. Entre ellas, la incertidumbre de lo que podía ocurrirle pero, tenía el
consuelo de que su chófer a pesar de todo lo iba a proteger.
Los minutos se hicieron eternos, el pueblo parecía
interminable. Los lamentos del policía se estaban haciendo demasiado molestos