Sebastián
Rincón Blandón
Taller
de narración
Ejercicio
# 2
Mi nombre es Jesús Zepeda, pero desde pequeño me dicen
Chuy, nací hace exactamente cincuenta años en el caluroso, desértico y
accidentalmente montañoso Estado de Sonora. Crecí en una familia acomodada pero muy trabajadora, de padre pescador y
madre cocinera o como dicen hoy en día chef. Tuve una infancia feliz, llena de
altibajos económicos pero siempre aferrado a mis sueños y mi carácter
aventurero, siempre quise recorrer el mundo, salir de Guaymas, vivir, respirar
el aire de una gran ciudad y dejar atrás aquel mágico pero decadente paraíso.
Al cumplir los 18 años mis padres murieron en un trágico
accidente de autobús, regresaban de Hermosillo, me acuerdo muy bien, ya que era
el día de mi cumpleaños y traían mi regalo de la capital, nunca lo recibí y lo
último que les dije fue “los quiero mucho, pero prefiero esperarlos en casa”.
Esto me hizo reflexionar acerca de la causa y las consecuencias de los
acontecimientos y los obstáculos que la vida nos hace enfrentar. No tenía
hermanos, ni más familia a quien acudir, sólo me quedaba un diploma de
preparatoria qué se estaba llenando de arena y se oxidaba poco a poco por la
salinidad del ambiente. Así que me dije a mi mismo, es ahora o es nunca, tomé
los últimos ahorros de mis papás, cerré la que en ese entonces era mi casa y
decidí irme al otro lado. Gracias a la influencia y las enseñanzas de mi madre,
además de mi equipaje llevaba un conocimiento amplio de la cocina mexicana y
uno que otro truco de la reconocida chef Julia Child, de la cual mi madre tenía
un libro de sus exquisitas y maravillosas recetas.
Al llegar a Los Ángeles, llevé un bajo perfil, debido a
mi condición de ilegal, iba de bar en bar y de restaurante en restaurante
ofreciendo mis servicios como cocinero, mesero o lo que primero resultará. El
hambre acechaba y el dinero se agotaba, apenas si me alcanzaba para juntar la
renta, entre tantas necesidades y tanta incertidumbre conocí a mi actual
esposa, Selena, tuvimos tres hijos y gracias a ella conseguí mi residencia
americana, a partir de ahí las cosas empezaron a mejorar y la vida me dio los
frutos de tanto esfuerzo. Por azares del destino llegué a Café Paraíso,
ubicado en una zona residencial de la ciudad, allí laboro actualmente y disfruto
de mi anhelado trabajo, de la compañía de mis hijos, del cariño de mi amada
esposa y viviendo un día a la vez.
Aquel jovencito sonorense, estaba cocinando en una gran ciudad americana.
Aquel jovencito sonorense, estaba cocinando en una gran ciudad americana.
No hay comentarios:
Publicar un comentario