lunes, 18 de enero de 2016

Sebastián Rincón Blandón
Taller de narración
Ejercicio # 2


Mi nombre es Jesús Zepeda, pero desde pequeño me dicen Chuy, nací hace exactamente cincuenta años en el caluroso, desértico y accidentalmente montañoso Estado de Sonora. Crecí en una familia acomodada  pero muy trabajadora, de padre pescador y madre cocinera o como dicen hoy en día chef. Tuve una infancia feliz, llena de altibajos económicos pero siempre aferrado a mis sueños y mi carácter aventurero, siempre quise recorrer el mundo, salir de Guaymas, vivir, respirar el aire de una gran ciudad y dejar atrás aquel mágico pero decadente paraíso.

Al cumplir los 18 años mis padres murieron en un trágico accidente de autobús, regresaban de Hermosillo, me acuerdo muy bien, ya que era el día de mi cumpleaños y traían mi regalo de la capital, nunca lo recibí y lo último que les dije fue “los quiero mucho, pero prefiero esperarlos en casa”. Esto me hizo reflexionar acerca de la causa y las consecuencias de los acontecimientos y los obstáculos que la vida nos hace enfrentar. No tenía hermanos, ni más familia a quien acudir, sólo me quedaba un diploma de preparatoria qué se estaba llenando de arena y se oxidaba poco a poco por la salinidad del ambiente. Así que me dije a mi mismo, es ahora o es nunca, tomé los últimos ahorros de mis papás, cerré la que en ese entonces era mi casa y decidí irme al otro lado. Gracias a la influencia y las enseñanzas de mi madre, además de mi equipaje llevaba un conocimiento amplio de la cocina mexicana y uno que otro truco de la reconocida chef Julia Child, de la cual mi madre tenía un libro de sus exquisitas y maravillosas recetas.


Al llegar a Los Ángeles, llevé un bajo perfil, debido a mi condición de ilegal, iba de bar en bar y de restaurante en restaurante ofreciendo mis servicios como cocinero, mesero o lo que primero resultará. El hambre acechaba y el dinero se agotaba, apenas si me alcanzaba para juntar la renta, entre tantas necesidades y tanta incertidumbre conocí a mi actual esposa, Selena, tuvimos tres hijos y gracias a ella conseguí mi residencia americana, a partir de ahí las cosas empezaron a mejorar y la vida me dio los frutos de tanto esfuerzo. Por azares del destino llegué a Café Paraíso, ubicado en una zona residencial de la ciudad, allí laboro actualmente y disfruto de mi anhelado trabajo, de la compañía de mis hijos, del cariño de mi amada esposa y viviendo un día a la vez. 
Aquel jovencito sonorense, estaba cocinando en una gran ciudad americana. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario